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viernes, 28 de abril de 2017

Cita a ciegas

Laura 




De los besos de aquel juego previo, donde el valor de un beso cobra importancia, ya saben se besa bien o no, en este caso sus besos eran buenos, ricos, nos pusimos de pie a los pies de la cama y lentamente ella me llevo contra la pared, puso sus manos en mi pecho y hábilmente desabrocho mi cinturón y mi pantalón, sus diminutas manos entraron bajos mis ropas y buscaron mi sexo, lo libero, ya estaba duro, erecto, hermoso, caliente, su boca lo abrazo en un beso profundo mojándolo todo, resulta algo incómodo estar con los pantalones a la rodilla y con zapatos sin poder quitártelo todo ya!!, aproveche de sacarme todo lo que podía, mientras ella hacia una tarea magistral, la lleve a la cama, ella aún estaba con ropa, me quede sobre ella metiendo mi sexo entre sus piernas mientras, la besaba y saboreaba aun el sabor de mi sexo en sus labios, lentamente fue quedando desnuda, sus pechos pequeños, engalanados con unos pezones firmes y suculentos, junto a sus caderas bien generosas, me tenían vuelto loco, pero respire unos segundos y controle esa ansiedad que por momentos lo domina todo.



Mis manos y dedos no tardaron en llegar a su cálido sexo, al separar sus labios inmediatamente me di cuenta lo húmedo que estaba, la acomode de tal forma sobre la cama que quede entre sus piernas, mi lengua tenía que degustar lo que allí se producía, fue genial, sus gemidos fueron un premio a mis oídos, es muy diferente estar con una chica "silenciosa" que con una expresiva en todo momento, es muy complaciente y caliente a la vez, llego a un punto en que me desconcentro, parecía que quería arrancar, era demasiado el placer que mi lengua le brindaba, sentía cosas únicas y deliciosas, me concentré en el área de su clítoris y fue fatal, sus gemidos eran increíbles, le propuse hacer un 69, ella accedió, giro sobre mi cuerpo y quedo sobre mí, su boca cálida hacia una tarea increíble, lentamente las ganas de penetrar ese cuerpo llenaron el mío de deseo por estar dentro de ella, jugamos allí unos minutos más y luego de volver a besarnos ella se quedó a mi lado, así como en cucharita entregándome toda su cola, fue cosa de deslizar mi sexo entre sus glúteos y solito, sin ayuda, encontró la entrada y se deslizo tan suave dentro de ella, fue una penetración rica, suave, excitante. 


Ya dentro de ella, sintiendo el calor interno de su sexo, todo paso a otro nivel, nos complementamos muy bien en cuanto a movimientos, no paso mucho rato en que estaba ya cabalgando sobre mi pidiéndome que con la mano estimulara su clítoris, sus ojos, por momentos completamente blancos de placer, me hacían alucinar. Por esas cosas de la vida, llegamos con un famoso anillo vibrador y la verdad es un fiasco, no sirve para nada, o no lo supimos utilizar, en ese momento me apoye en el respaldo de la cama, la puse de pie, acerque su sexo a mi boca y así le di sexo oral, hasta hoy alucina con esa forma nueva de recibir sexo oral, luego de unos minutos la hice bajar para nuevamente quedar ensartados en uno solo. Nuevamente giramos y esta vez fui yo el dominante tome sus piernas sobre mis hombros y todo mi sexo era de ella podía decir que le "di como caja" como gemía esa mujer me contagio e igual gemía cada vez que la embestidas eran profundas, a veces me hacía pensar que era doloroso varias veces le pregunte si le hacía daño, "dale no más" era su respuesta, que placer más grande ver a una mujer gozar.


En un momento de relajación, con un aceite para bebes, ella comenzó a darme masajes en mi espalda y piernas. Dentro de las conversaciones previas al encuentro salió el tema de la estimulación de mi zona anal, tenía curiosidad, en solitario había logrado tener gratos momentos, ella no tuvo ningún reparo en aquello y gustosa me haría cosas allí, pues bien, el masaje llego hasta mi zona anal, con ese aceite que hacia todo más suave y ella fue delicada, sentí placer cada vez que rozaba mi ano, lentamente introdujo uno y luego dos dedos, jugo entrando y saliendo de mi ano, sentí placer no lo niego, pero he tenido mejores resultados haciéndolo en solitario, quizá falto más comunicación en ese momento, me hubiese gustado recibir sexo oral a la par por ejemplo, hubiese sido fantástico aquello, pero para ser primera vez, no me puedo quejar, lo disfruté.


En una de las tantas veces que lo hicimos, (durante toda esa tarde) me senté al borde de la cama y la puse de pie, de espalda a mí, le pedí que se sentara sobre mi sexo erecto y generoso que la penetro profundamente, creo que era su primera vez en esa pose, ella me decía que mi sexo tocaba algo que la hacía vibrar de placer, sus gemidos eran increíbles, como si desmayara sobre mí, la deje sola para que cabalgara, su larga cabellera caía por su espalda hasta casi rosar su culo, fueron minutos eternos, finalmente la tome en cuatro sobre la cama y le di muy duro, ya saben, había acabado ya tres o cuatro veces antes, lograr un nuevo orgasmo no es tan fácil, así que le di con fuerza, con ganas, sentí como mi corazón se aceleraba al máximo, parecía que estábamos en una sala de algún gym, transpirando, jadiando, dando el último esfuerzo, finalmente acabe y ella descanso sobre la cama admirada de mi aguante, me recosté a su lado y nos quedamos un rato recuperando fuerzas.


Fue una linda experiencia, una gran mujer, sexualmente increíble, única, que vivirá en mi recuerdo por muchos años, ahora la ventana de volver a repetir el encuentro no está cerrada, por lo menos por mi parte.




1 comentario:

  1. Desde luego, una grandísima experiencia difícil de olvidar. Un relato muy bueno.

    Besos.

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