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jueves, 6 de diciembre de 2018

Ceci - 3



Allí en un silencio atronador los dos comenzamos a desnudarnos, no había forma de detener aquello que se inicio, sus besos eran una delicia, ahora sin alcohol todo sabia mejor y se sentía mejor, mis manos acariciaban esa cola tan deseada por mucho y no tardamos en caer en su cama, pequeña cama, sin frenos aún se levanto a apagar la luz de arriba quedamos a media luz gracias a una pequeña lampara de velador que en minutos igual sería amagada.

Yo andaba con pantuflas a ese nivel de confianza, así que allí fueron a parar bajo su cama ella de un salto quedo sobre mi y otra vez a besarnos, -ahora si- me susurro entre besos y si tenia razón el ambiente se torno así a oscuras mucho mejor la tenue luz que lograba entrar desde afuera creaba una atmósfera sensual, podía distinguir su cara y otros detalles a medida que mi vista se acostumbraba a la oscuridad, por momentos incluso se escuchaba pasar gente por la calle, y si era temprano quizá recién pasada las 21, seguí con mis besos y acariciando su espalda bajo su suéter y polera, esa piel tan suave, nuestras piernas entrecruzadas, por momentos sentía como su pubis se incrustaba en mis muslos, mi erección que decir era plena.

De alguna forma la quite de encima de mi y la deje a un lado, ella extendió los brazos y me abrazo arrastrándome a su lado, nuestras piernas se entrecruzaron mi erección acariciaba sus caderas, mis manos jugaban con su pelo una y la otra corría de su rodilla a su busto que era pequeño logrando sentir sus pezones duros y tersos, lentamente fuimos quedando desnudos, el calor de una pequeña estufa a gas era suficiente para mantener muy bien temperado el cuarto, su ágil mano llego a mi miembro bajo mis pantalones y ropa interior, lo tomaba con su manito como midiendo la circunferencia, deje que fuera a su ritmo sin apurar nada, mis manos ya hace rato acariciaban esa cola de oro, mis dedos también degustaban la tibia humedad de su sexo, -mmm que grande- murmuraba, sin soltar mi miembro, típica pregunta que uno hace -¿te gusta?-- Siii- mordiendose los labios, luego de un beso apasionado.

La acomode de espaldas con sus piernas abiertas ya sin ropa, mi mano hacia largas caricias por sus muslos apenas rozando sus labios sintiendo sus bellos, para pasar a la otra pierna y así largo rato mientras mi lengua jugaba con la suya o bien saltaba a uno  u otro pezón apretando, chupando y lamiéndolos, luego sin pensarlo dos veces hice que me chupara los dedos de la mano que jugaba allí abajo para volver allí y jugar ahora si con su sexo, casi no fue necesario mojar sus dedos, estaba húmeda incluso imagine un pequeño hilo de sus fluidos llegando a las sabanas, busque su clítoris y jugué con el por largo rato, metí y saque mis dedos a placer, como lo disfrutaba, creo y luego ella me lo dijo logro un orgasmo así, intenso único.

La observe en la penumbra como ella arreglando su pelo y muy pícaramente me pregunta -¿tienes condones?- -Si en mi cuarto- fue mi respuesta, de un salto bajó de la cama partí desnudo, cruce a mi puerta con llave en mano, encontré y regrese con un par de ellos, sorpresa grande fue la mía al regresar encontrarla desnuda sobre la cama masturbándose con sus dedos, yo de pie al lado de la cama agarre mi miembro y la acompañe en silencio observándolo todo, en mi mente me preguntaba si aquello era todo real, como ella que se veía una chica tan compuesta, me pidió que me acercara y su boca se apoderó de mi miembro que firme era devorado por su ardiente boca, gemía suavecito, sin soltarme, pronto me soltó y se acomodó en la cama en cuatro esa vista hasta hoy día me persigue, era una delicia contemplar esa conjunto, cintura cadera y glúteos perfectos todo incluso su ano era hermoso, -¡pontelo!- me ordeno, tome uno de los condones y me lo puse lentamente tenía que controlar mis ansias si no, sería un fracaso rotundo.

-Tengo que hacer esto-  dije, me arrodille detrás de ella y le di sexo oral, ella soltó un gemido y una risa muy pícara, mi lengua pasaba por su sexo y se extendía sobre su ano y se desviaba por sus glúteos en una larga lamida, pero no podía evitar lo inevitable, me puse de pie, la altura y alineación era perfecta me tome de sus caderas y sin usar las manos puse mi sexo en la entrada del suyo y lentamente comencé a penetrar, fue ella que movió sus caderas e hizo que le entrará todo de golpe, cosa más rica, me quede quieto y fue ella que se movía, sus caderas suaves y generosas las agarre con fuerza y comencé a embestir a mi ritmo lento pero firme y profundo, acelere un poco pero tuve que frenar las ganas locas por acabar comenzaron a subir por mis piernas, mi corazón estaba a full, ella con la cabeza hundida entre las frazadas sólo gemía despacito, respire profundo un par de veces salí de su sexo para tomar aire quizá buscar otra pose pero ella seguía allí -dale métela toda- me exigía, -montame- le sugerí, y se acomodó a un lado dándome espacio para acostarme en la cama, pensando que así las ganas se tardarían en llegar, se acomodó sobre mi y fue una delicia tomar su cintura y sus caderas así se acomodo  no hubo ni necesidad de usar sus manos para acomodar nada entro solito,  y  así fue, creo que todos tenemos una pose que nos permite aguantar mucho más, acaricie su cuerpo bese sus pequeños pezones, mientras ella se movía poseída sobre mi pude adivinar pronto un nuevo orgasmo pude sentir como la base de mi sexo se mojaba, mis bolas y más, se recostó sobre mi, la tome de los hombros y comencé a moverme yo con fuerza entrando y saliendo de su cuerpo hasta que no pude más y acabe con todo...que cosa más deliciosa mi sexo latía dentro de ella y allí me quede hasta que sentí como mi erección se desvanecía.


A mi lado quedo agotada al igual que yo, descansamos, en mi cabeza pensaba -¿y ahora qué?- me quede a su lado acariciando su espalda, besando su hombro...sin saber que...

Continuará...

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